El 2 de junio, la policía antidisturbios de la Ciudad de México utilizó gas lacrimógeno para dispersar a miles de maestros en huelga que derribaron estatuas del Mundial y bloquearon carreteras principales.
Los manifestantes, liderados por el sindicato radical CNTE, exigen un aumento salarial del 100% y la derogación de las leyes de pensiones que, según afirman, han diezmado su seguridad jubilatoria. Estas manifestaciones están programadas estratégicamente para aprovechar la coyuntura del Mundial 2026, y los activistas advierten que "el balón no rodará" a menos que el gobierno cumpla con sus demandas. Tras impedírseles la entrada al Zócalo —la plaza histórica que funciona como sede principal del FIFA Fan Festival—, los maestros establecieron un plantón indefinido y rompieron cristales en edificios gubernamentales.
La presión internacional aumenta sobre la administración de la presidenta Sheinbaum para resolver el conflicto antes de la ceremonia de apertura del torneo en diez días.
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