Después de cinco días de intensos combates a lo largo de su frontera en disputa, Tailandia y Camboya han acordado un alto el fuego inmediato e incondicional, mediado con presión internacional y mediación en Malasia.
El conflicto, que estalló por disputas territoriales de larga data, ha cobrado la vida de al menos 35 personas y desplazado a más de 300,000 civiles. A pesar del alto el fuego, ambas partes se han acusado mutuamente de violar la tregua, lo que plantea dudas sobre su durabilidad. La violencia se centró en antiguos sitios de templos y ha expuesto tensiones históricas y políticas arraigadas. Actores internacionales, incluidos EE.
UU., China y la ASEAN, han estado involucrados en esfuerzos para estabilizar la situación y monitorear el cumplimiento.
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